Algaraiens, la llibertat.

Nur, una mujer de cuarenta años, inocente y castaña, se despierta en una inmensa cama blanca.

Al incorporarse, ve que la almohada está llena de pequeños trocitos de algas que se han desprendido de su cabello aún húmedo; nota la sal en su piel y la arena entre los dedos de los pies.

Está desnuda, como al bañarse entre aquellas inmensas olas, tan fuertes que, al salir, jadeaba del esfuerzo.

Llegó hace unos días, con la idea de abandonar y con la necesidad de sentirse aceptada. Sentía que la isla había cambiado y pensó que ahora, para formar parte de ella, tenía que ganarse ese privilegio.

Estaba perseguida por un concepto -dos palabras en una frase sin verbo- que removía sus entrañas y cegaba su opinión.

Pero con Él pudo equilibrar las palabras y darles el sentido que la provocación había ocultado. El principio era la Libertad, con la base instalada en lo más profundo de nuestra esencia y en armonía con el Universo. Había sentido esa libertad en su piel, la había disfrutado y hecho suya.

La había acompañado desde las olas hasta la cama, esa en la que ahora, mientras le oía respirar en sueños, se preguntaba:

¿De verdad soy libre?

 

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