El café de abril.

He perdido el control del tiempo.

Que idea tan nefasta la del control y que integrada la tenemos.

Este año, he salido de mi zona de confort en todos los niveles. Tanto es así, que hace más de un mes que vivo fuera, literalmente, de mi mayor refugio, mi casa.

Tantas cosas, muy potentes, en un tiempo tan concentrado,  me han obligado a replantearme mis tiempos y a aceptar que no podían mantenerse cómo estaban.

Estoy lejos de cosas fundamentales y necesarias para mi bienestar, pero es una parcela que tiene caducidad. Por eso respiro, acepto el momento tal cual es y bailo al ritmo que trae.

Pero estoy cansada.

La profesora de Babau, en nuestra última reunión, me dijo que no le preocupaba nuestra hija, porque tenía el colchón de la familia. En ese momento, me pareció que era una seguridad unilateral, de padres a hija, estos días sé que no es así.

Su sonrisa, su amor, su buen humor, sus cuidados y atenciones, me llevan de la mano.

Que suerte despertar y veros.

Hay un verso precioso en el poemario Nòmades:

«M’agrada dormir 

        dins un bolic de roba»

Sois mi ancla al presente.

Las migas de pan cuando me pierdo en el camino.

Y el arrullo en el que descanso.

 

Cosmos.

El Cosmos y el Caos 

conviven,

en este, nuestro hogar pasajero.

 La tempestad azota el edificio desde sus cimientos

y el ruido de las olas retumba horas en mi cabeza,

mientras la hermosa luz del mar se refleja por toda la casa

y la primavera se cuela en cada rincón,

Mi Cosmos

se rompe

y

se estructura,

una vez más,

SOM

SOC

hoy, aquí y ahora.

Lejos de nuestra casa,

construimos el verdadero hogar.

 

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El café de Marzo.

Más de nueve días, salir de casa, estar en Menorca, que hoy haga siete años y que esté a punto de derruirse nuestro hogar, para alzarlo de nuevo, casi no han sido suficientes para que me siente a escribir.

Hace unos días veía una maravillosa ilustración sobre la metamorfosis. Y me sirvió de ayuda para explicar a una amiga cómo me encuentro.

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Hoy soy el capullo.

He dejado atrás la oruga, con la que, finalmente, me sentía tan a gusto. Para dar forma a un cambio que, me ilusiona y cuestiono a partes iguales.

Porque este proceso va acompañado de una manta de dudas, con la que no sé si arroparme, hacerme un vestido o poner una lavadora.

Sé que es más fácil, que simplemente debo estar y esperar.

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.

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Y sin valor para acabar y publicar lo escrito, han pasado quince días más. Hemos desmontado la casa y construido un hogar frente al mar, donde cada noche el viento me recuerda que la calma debe residir en el interior.

 

(Foto de la galería de la galería de Inflexibleyoguis  )

Anima.

A veces, el camino es difuso y llega a desdibujarse.

Sé que estoy en él pero no lo veo.

Cuando la niebla abraza mi mente y vela mis ojos, me siento lenta y perdida.

Y siempre es el mismo resorte el que me da la luz, la palabra.

Ella llega, resuena y de su vibración salta una chispa, que destaca en medio de la niebla.

Ayer hubo una lluvia de palabras acompañadas por la música de un violonchelo.

Cayeron sobre mi y me impregnaron de su esencia haciendo que, poco a poco, se formase un camino luminoso y vibrante capaz de despertar un alma puesta en duda.

Por ser mujer.

Y juntas tomamos conciencia para avanzar. Ahora, dejando atrás estigmas, limitaciones, prohibiciones y miedos.

Orgullosas.

Ayer àngels anunciaron su mensaje, por una vía de trabajo y esfuerzos constantes, que aseguran la victòria.

Juntas.

El café de Febrero.

Dos semanas sin escribir.

Cinco novelas y un poemario.

Treinta y tres hojas de diario llenas de mi.

Un calendario repleto de puntos de guía.

Un cuaderno de ciclos.

Otro donde las ideas se colocan en forma de tronco, raíces y ramas de un árbol caduco.

Cuatro viajes.

Yoga y Mala budista.

Música y running.

Luces blancas en forma de ancla al presente.

Taza de Navidad para no dejar la ilusión atrás.

Tres días de biblioteca.

Abrazos, amor y complicidad.

Risas y confidencias.

Empoderamiento compartido.

Mujeres y educación.

Un cambio llamando a la puerta.

Una reestructuración de nuestro nido.

Un brazo dolorido de cargar amor.

Ver y comenzar a entender el código.

Compartir.

Respirar, liberar y fluir.

Y estamos en Febrero.