Sessha.

Hace tanto tiempo, que he mudado la piel.

Desconfié y me perdí.

Me cubrí de miedo y de inseguridad.

Me desdibujé.

Y me convertí en alguien, que no era.

Y, a la vez,  pasó todo lo contrario.

Confié y me encontré.

Desnudé mi alma.

Me miré y me ví.

Y descubrí: que quién soy, es inmutable.

Sessha

Hace tanto tiempo, que he mudado la piel.

Desconfié y me perdí.

Me cubrí de miedo y de inseguridad.

Me desdibujé.

Y me convertí en alguien, que no era.

Y, a la vez,  pasó todo lo contrario.

Confié y me encontré.

Desnudé mi alma.

Me miré y me ví.

He descubierto quién soy y es inmutable.

El café de Abril.

¿Qué pasa, para que dejes, tanto tiempo, un espacio?

Que dejé de escribir para afuera y lo hice para mí.

He llenado cientos de hojas, he sacado miles de palabras,

me he hecho cientos de preguntas.

Dejé de sentirme cómoda compartiendo y

me volví invisible, a ratos, hasta para mí misma.

Empecé a pensar en quién leía y

me corté las alas.

Decidí ser honesta en el camino y

eso me impedía hacerlo público.

Y finalmente, me desconecté de este espacio.

El que era mi refugio, se convirtió en desconocido.

Y ahora, de la misma forma que salí,

he vuelto,

sin darme cuenta.

Namaste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Naturaleza

Fuera, en mis macetas, puedo ver cómo se suceden las estaciones.

Ciclos de hojas, flores de temporada y eventos, que espero ansiosa todo el año, como las flores que nacen para mi cumpleaños.

Cada una de las plantas, me conecta con personas. Los tulipanes, que vinieron desde Holanda, con Natalie, las crasas, del taller de Sofía, los lirios, de mi suegro.

O con momentos. La jardinería acompañada,  de mi madre, de mi hija, de mi perra.

Tiempo después, he descubierto, que ha sido y es, mi primera forma de meditación.

La tierra, el lugar, al que puedo volver siempre, que me conecta, y equilibra.

Porque la Naturaleza sucede en el presente.

Namaste.