El café de Marzo.

Más de nueve días, salir de casa, estar en Menorca, que hoy haga siete años y que esté a punto de derruirse nuestro hogar, para alzarlo de nuevo, casi no han sido suficientes para que me siente a escribir.

Hace unos días veía una maravillosa ilustración sobre la metamorfosis. Y me sirvió de ayuda para explicar a una amiga cómo me encuentro.

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Hoy soy el capullo.

He dejado atrás la oruga, con la que, finalmente, me sentía tan a gusto. Para dar forma a un cambio que, me ilusiona y cuestiono a partes iguales.

Porque este proceso va acompañado de una manta de dudas, con la que no sé si arroparme, hacerme un vestido o poner una lavadora.

Sé que es más fácil, que simplemente debo estar y esperar.

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Y sin valor para acabar y publicar lo escrito, han pasado quince días más. Hemos desmontado la casa y construido un hogar frente al mar, donde cada noche el viento me recuerda que la calma debe residir en el interior.

 

(Foto de la galería de la galería de Inflexibleyoguis  )

El café de Febrero.

Dos semanas sin escribir.

Cinco novelas y un poemario.

Treinta y tres hojas de diario llenas de mi.

Un calendario repleto de puntos de guía.

Un cuaderno de ciclos.

Otro donde las ideas se colocan en forma de tronco, raíces y ramas de un árbol caduco.

Cuatro viajes.

Yoga y Mala budista.

Música y running.

Luces blancas en forma de ancla al presente.

Taza de Navidad para no dejar la ilusión atrás.

Tres días de biblioteca.

Abrazos, amor y complicidad.

Risas y confidencias.

Empoderamiento compartido.

Mujeres y educación.

Un cambio llamando a la puerta.

Una reestructuración de nuestro nido.

Un brazo dolorido de cargar amor.

Ver y comenzar a entender el código.

Compartir.

Respirar, liberar y fluir.

Y estamos en Febrero.

 

 

 

 

 

El café de Enero.

Este café más que una reflexión pretendo que sea un punto de partida.

Hoy un día nuevo, un mes nuevo y un año nuevo.

Quiero empezar con una afirmación.

«Soy escritora»

Puede parecer una obviedad, llevo más de dos años escribiendo en el blog. Tengo una pila de cuadernos y diarios en casa y un proyecto para publicar en su recta final, pero no me atrevía a ponerme esta etiqueta, siempre me ha parecido demasiado elevada como para darme su concesión.

Hasta ahora.

Soy escritora y fotógrafa, no es mi profesión, es algo mucho más potente que eso. Es lo que me ayuda a enseñar la verdadera esencia de mi alma, a crecer como persona, algo que no puedo dejar de hacer porque su ausencia me genera infelicidad.

Soy YO.

 

 

Los cafés con Inma.

Esta entrada es un gracias infinitas a Inma que ha colaborado con sus preciosas fotos en el blog. Con ella he sacado adelante una tarea que sola me parecía muy pesada.

Sigue habiendo varios meses sin publicar,  gracias a Inma tienen su foto, pero como los escribí  «en versión privado» son muy personales, tal cual están no los quiero publicar y retocarlos me parece cambiar su esencia. Por lo que me permito dejarlos en espera hasta que decida cómo hacerlo.

Os dejo este collage como inmejorable broche.

Y os deseo de todo corazón una feliz navidad y un mejor año.

Muchas gracias por haberme acompañado en este espacio.

 

El café de Diciembre.

«Les coses existeixen

per ser trencades.

Prendre’n consciència asserena.»

Anna Gual.

Este es un café diferente, una reflexión que me ha llegado gracias a la luz de otras personas y que tiene que ver con las estructuras. Esas que Anna llama «coses» en su poema y que, como muy bien dice, existen para ser destruidas.
Nos pasamos largo tiempo recorriendo el sendero de nuestra vida, a ratos a ciegas, a ratos con un propósito claro. Para ello, nos servimos de una estructura, una forma de pensamiento, de hacer y, hasta me atrevo a decir, de complexión física, un entorno, unas personas, un trabajo. El problema es que no siempre somos conscientes de que la estructura ha cumplido su misión y que debemos deshacernos de ella.
Existe una tendencia innata a aferrarnos a lo conocido sin distinguir en qué punto nos encontramos y, lo que es peor, sin saber exactamente a qué estamos apegados.
Cuando entiendes que algo claramente ha cumplido su misión es fácil dejarlo marchar y cuando descubres que hay formas que tienen una función limitada es divertido decidir cuáles abandonas y qué nuevas vas a crear.
Veámonos como un Todo con una disposición y orden determinado. Si movemos algo, por pequeño que sea ese movimiento, el resto se va a ver afectado. Si tomas consciencia de ello, no sólo encontrarás la calma, sino que podrás planificar y decidir en consecuencia.
Yo sé qué tengo que jubilar en este momento,
¿lo has pensado tú?

Foto de mi querida Inma