El café de abril.

He perdido el control del tiempo.

Que idea tan nefasta la del control y que integrada la tenemos.

Este año, he salido de mi zona de confort en todos los niveles. Tanto es así, que hace más de un mes que vivo fuera, literalmente, de mi mayor refugio, mi casa.

Tantas cosas, muy potentes, en un tiempo tan concentrado,  me han obligado a replantearme mis tiempos y a aceptar que no podían mantenerse cómo estaban.

Estoy lejos de cosas fundamentales y necesarias para mi bienestar, pero es una parcela que tiene caducidad. Por eso respiro, acepto el momento tal cual es y bailo al ritmo que trae.

Pero estoy cansada.

La profesora de Babau, en nuestra última reunión, me dijo que no le preocupaba nuestra hija, porque tenía el colchón de la familia. En ese momento, me pareció que era una seguridad unilateral, de padres a hija, estos días sé que no es así.

Su sonrisa, su amor, su buen humor, sus cuidados y atenciones, me llevan de la mano.

Que suerte despertar y veros.

Hay un verso precioso en el poemario Nòmades:

«M’agrada dormir 

        dins un bolic de roba»

Sois mi ancla al presente.

Las migas de pan cuando me pierdo en el camino.

Y el arrullo en el que descanso.

 

El café de Marzo.

Más de nueve días, salir de casa, estar en Menorca, que hoy haga siete años y que esté a punto de derruirse nuestro hogar, para alzarlo de nuevo, casi no han sido suficientes para que me siente a escribir.

Hace unos días veía una maravillosa ilustración sobre la metamorfosis. Y me sirvió de ayuda para explicar a una amiga cómo me encuentro.

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Hoy soy el capullo.

He dejado atrás la oruga, con la que, finalmente, me sentía tan a gusto. Para dar forma a un cambio que, me ilusiona y cuestiono a partes iguales.

Porque este proceso va acompañado de una manta de dudas, con la que no sé si arroparme, hacerme un vestido o poner una lavadora.

Sé que es más fácil, que simplemente debo estar y esperar.

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Y sin valor para acabar y publicar lo escrito, han pasado quince días más. Hemos desmontado la casa y construido un hogar frente al mar, donde cada noche el viento me recuerda que la calma debe residir en el interior.

 

(Foto de la galería de la galería de Inflexibleyoguis  )

El café de Febrero.

Dos semanas sin escribir.

Cinco novelas y un poemario.

Treinta y tres hojas de diario llenas de mi.

Un calendario repleto de puntos de guía.

Un cuaderno de ciclos.

Otro donde las ideas se colocan en forma de tronco, raíces y ramas de un árbol caduco.

Cuatro viajes.

Yoga y Mala budista.

Música y running.

Luces blancas en forma de ancla al presente.

Taza de Navidad para no dejar la ilusión atrás.

Tres días de biblioteca.

Abrazos, amor y complicidad.

Risas y confidencias.

Empoderamiento compartido.

Mujeres y educación.

Un cambio llamando a la puerta.

Una reestructuración de nuestro nido.

Un brazo dolorido de cargar amor.

Ver y comenzar a entender el código.

Compartir.

Respirar, liberar y fluir.

Y estamos en Febrero.

 

 

 

 

 

El café de Enero.

Este café más que una reflexión pretendo que sea un punto de partida.

Hoy un día nuevo, un mes nuevo y un año nuevo.

Quiero empezar con una afirmación.

«Soy escritora»

Puede parecer una obviedad, llevo más de dos años escribiendo en el blog. Tengo una pila de cuadernos y diarios en casa y un proyecto para publicar en su recta final, pero no me atrevía a ponerme esta etiqueta, siempre me ha parecido demasiado elevada como para darme su concesión.

Hasta ahora.

Soy escritora y fotógrafa, no es mi profesión, es algo mucho más potente que eso. Es lo que me ayuda a enseñar la verdadera esencia de mi alma, a crecer como persona, algo que no puedo dejar de hacer porque su ausencia me genera infelicidad.

Soy YO.

 

 

Los cafés con Inma.

Esta entrada es un gracias infinitas a Inma que ha colaborado con sus preciosas fotos en el blog. Con ella he sacado adelante una tarea que sola me parecía muy pesada.

Sigue habiendo varios meses sin publicar,  gracias a Inma tienen su foto, pero como los escribí  «en versión privado» son muy personales, tal cual están no los quiero publicar y retocarlos me parece cambiar su esencia. Por lo que me permito dejarlos en espera hasta que decida cómo hacerlo.

Os dejo este collage como inmejorable broche.

Y os deseo de todo corazón una feliz navidad y un mejor año.

Muchas gracias por haberme acompañado en este espacio.