Cinco: Los cuentos de hadas no siempre lo parecen.

El parto fue el día más duro de mi vida. Me había pasado nueve meses pensando que te quería sólo para mí. Así que, a la hora de la verdad, tú no querías nacer. Por más que lo intenté, por más que empujé, tú no querías salir. Cada centímetro que ganaba yo, tú retrocedías,  y así pasamos muchísimas horas. Fue tal el dolor, que los últimos momentos del parto y los primeros tuyos de vida, los recuerdo en una nebulosa. Así que, cuando te vi por primera vez, me sentía como en una nube post-traumática y no sentí nada. Ni en ese momento, ni en toda la primera noche. Me recuerdo despierta, sintiendo pena de mí misma, por la inmensidad del dolor que acababa de vivir.  Y a las treinta horas de nacer empezaste a llorar y no paraste, horas y horas, cada día, hasta justo una semana antes de cumplir los tres meses.

No entraré en detalles, de cómo transcurrían aquellos días, pero, hoy por hoy, desde la distancia, entiendo que sí te quería, porque nunca dejé de atenderte, no me separé de ti y nunca te hice daño. Pero, a la única persona, a la que le podía hablar de mis verdaderos sentimientos, esos días le llegué a confesar que te odiaba. Y ello, me producía un gran dolor y un gran sentimiento de culpa. Me sentía diferente de todas las madres que tenía alrededor. Con el tiempo, ya no me juzgo, es más me defiendo y me comprendo. Incluso me aplaudo. Que gran madre era en la situación que nos había tocado. Ojalá me hubiese dado cuenta en ese momento, no habría sido tan dura conmigo misma. Y habría llevado con más orgullo mi situación.

Aunque, en aquellos momentos, sentía la presión de todas aquellas madres a mi alrededor, que sólo hablaban de lo bien que dormían sus hijos, de lo poco que lloraba, de lo sociables que eran… Y en muchos casos era verdad, pero en muchos otros no. Hay cosas que no se dicen, no se cuenta, porque parece que queremos menos a nuestros hijos, o que llevamos una vida infeliz. Cuando lo importante no es qué dices de cara a la galería. ¡Que más da!  al final cada uno tiene que criar a su hijo y que vivir su vida. Si en vez de competir por el bebé ideal, compartiésemos nuestra experiencia real, sería mucho más enriquecedor y constructivo.

Cada vez, estoy más dispuesta a contar mi experiencia tal cual fue, porque de ella sólo he sacado cosas buenas. Y ante las miradas censuradoras, cada vez encuentro más proximidad a experiencias como la mía. Que pese a las dificultades, no han hecho más que aportarnos un enorme crecimiento personal. Y que pese a tener momentos verdaderamente complicados son auténticos cuentos de hadas.

Vive tu historia, sé honesta y siéntete orgullosa, por cuando lo has hecho bien y por cuando crees que no, pero te ha servido para aprender y para ser mejor.

Tú escribes tu cuento de hadas.

2 comentarios sobre “Cinco: Los cuentos de hadas no siempre lo parecen.

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