Orgullosa

Hace un mes dejé este post en borradores, quería guardar una imagen, una de esas que te llegan al alma.

Volvía del aeropuerto, en mi mente sólo estaba mi hija. Mientras iba a buscarla mire en el parque y allí estaban. Ella jugando y su Yaya mirándola.

Lo que me conmovió fue el escudo protector que desprendía la Yaya. La miraba entre solicita y orgullosa, a la vez que todo su gesto marcaba claramente un límite protector, accesible a otros niños y  totalmente prohibido a cualquier peligro.

Y me sentí orgullosa, de ella, de mi madre, de mi hija y de mi misma.

Vengo de un extraordinario matriarcado.

En la historia familiar ha quedado poco espacio al género masculino. En los matriarcados, las féminas, convivimos en un sinfín de laberintos de códigos emocionales indescifrables. Cada una de nosotras asume un rol y la comunicación es en clave.

Todo lo que tiene de desequilibrado, de ausencia, de confuso, lo compensa con riqueza de experiencia, de sentimientos, de amor…

En mi caso supuso una fortaleza, en la que crecí protegida y feliz. Rodeada de amor y de historia. Rodeada de mujeres tradicionales, de principios elevados. Que tenían bien clara la diferencia entre el bien y el mal. Perfeccionistas y autoexigentes, capaces de sacar adelante familias enteras sin ninguna ayuda.

Por ellas me siento orgullosa, de mi historia, de mi familia, la de sangre y la elegida y de mi género.

 

 

 

 

 

 

 

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