La puerta del alma.

«Surt de l’ànima, ralla com un riu»

No tenía ánimo para ir, pero sabía que ese día no podía perdérselo.

Guardó el gran bolso de trabajo en el armario, se quitó el traje, los tacones y el maquillaje.

Tenía que ser ella para ir allí.

Despojarse del personaje creado para la vida y cubrirse con la mínima expresión  para que todo aquello que aconteciese le penetrase directamente, sin filtros.

Ocupó su lugar de siempre.

Y esperó.

 

 

 

El Café de Febrero

Enero, como principio de ciclo,  ha sido mucho más intenso de lo que esperaba. Las cosas han ido sucediendo poco a poco, imperceptiblemente hasta que ayer encajó y se precipitó todo.

Llevo tiempo sufriendo un fuerte bloqueo creativo. La toma de consciencia que me ha aportado el Taller ha tenido esa consecuencia. Mi nivel de autoexigencia, mezclado con los nuevos conocimientos y la sensación de no tener nada sobre lo que escribir me ha dejado seca.

Pero tras las dos últimas clases una nueva lucecita ha ido naciendo en mi cabeza, una idea cogida con pinzas, la sensación de tener algo claro pero aún sin forma definida.

Y creo que sé lo que es. Ha llegado el momento de hacer alquimia.

Tengo que verter a Jara en mi interior, dejando que todo lo bueno que me ha aportado y he aprendido se funda conmigo y recuperar el protagonismo.

Siento que es el momento de hacer un acto de valentía y mostrarme en primera persona.

Escribir y fotografiar sin condicionamientos.

Y fluir, mostrarme sin miedo, ser espontánea y avanzar.

 

Nota: Este es uno de los post que escribí en privado, una reflexión que no esperaba ver la luz, con la vuelta al blog en septiembre decidí publicar los cafés tal cual estaban, para dar coherencia a mis reflexiones en el tiempo. La foto de esta entrada es de mi querida Inma.

 

 

El café de Enero

Echo de menos el Blog.

Desde que empecé el Taller ha cambiado mi manera de entender la escritura. Desde mi nueva óptica, el escribir cómo lo hacía hasta ahora me parece un suicidio. Totalmente en brújula, sin reposo, ni revisión. Una locura total.

Por eso he cerrado el blog. Pero al hacerlo también he dejado de escribir reflexiones.

Hoy vuelvo, de forma íntima y privada. Y la revisión mensual es la mejor manera de hacerlo.

Comenzamos mes, año y ciclo.

Siento que los últimos tres años han sido los cimientos de lo que está por venir.

Han ido sembrando serenidad y paz en i interior. Por primera vez en mi vida me siento capaz de gestionar mis emociones y vivir con perspectiva.

Ayer disfrutamos de unas campanadas en familia, los tres juntos, con nuestra Babau despierta e ilusionada. No concibo mejor forma de hacerlo.

Con el 2017 empieza un nuevo camino y estoy feliz de poder disfrutarlo.

Nota: Este es uno de los post que escribí en privado, una reflexión que no esperaba ver la luz, con la vuelta al blog en septiembre decidí publicar los cafés tal cual estaban, para dar coherencia a mis reflexiones en el tiempo. La foto de esta entrada es de mi querida Inma.

 

 

 

El Café de Diciembre

Hoy pongo un punto y aparte.

El blog como tal ha tocado techo. Hasta ahora ha sido un rincón personal en el que he dado libertad a mis emociones. He escrito cuando me ha apetecido, sin meditar lo que escribía, de una forma totalmente sensitiva.

Y me ha dado grandes resultados.

He cambiado mucho desde la primera entrada hace más de un año y una de las cosas que más ha cambiado es la forma en que deseo mostrarme y la manera en que quiero escribir.

Tengo ganas de dedicarme a otro tipo de proyectos en los que la escritura es la gran protagonista, pero de otra manera.

Sin proponérmelo esta entrada cierra perfectamente el ciclo.

Me gustaría dejar 2.490 gracias una por cada vez que habéis entrado en este espacio. Es mucho más de lo que había imaginado.

Muy feliz de haber compartido este espacio nos vemos en nuevos proyectos.

 

 

 

El ruido

No somos conscientes del ruido al que estamos sometidos.

Creemos que ruido es aquello que oímos y nos molesta.

Yo creo que ruido es todo aquello que comparte tu vida impidiendo que las cosas fluyan. Incluye personas, hábitos, ideas obsoletas, ropa amontonada, tareas por hacer, objetos que acumulan polvo, archivos repletos de información inútil.

Una de las tareas más titánicas y enriquecedoras es detectar el ruido y decidir qué hacer con él.

Una vez, oí la historia de una chica que estaba obesa porque no quería sentir. La grasa, los pliegues de su piel, la convertían en algo mullido que acallaba sus emociones.

Creo que el ruido cumple la misma función. Nos dejamos envolver en el arrullo de ese sonido de fondo, como el que hacían las televisiones al quedarse sin programación.

Pasan los dias y te dejas llevar, no decides, no intervienes.

Y no eres consciente, porque estás ocupada, porque no tienes tiempo, porque todo te reclama.

Pero un día abres los ojos.

Miras y ves.

Y el arrullo ya no es suave, ahora es ensordecedor, no lo soportas.

Paras y buscas, te sorprende, estás rodeada.

Traza una línea, un punto de partida y deja que el ruido se haga sonido, escucha y conviértelo en música.