Las palabras efímeras.

El otro día estaba en el sofá y recibí un hermoso mensaje de texto de una amiga. Al leerlo me emocioné. Primero porque me sorprendió y luego por su contenido.

Entonces, me di cuenta de que varias veces había tenido esa misma sensación de emoción, de sorpresa y me produjo un sentimiento de pérdida, porque aunque recordaba la sensación había perdido las palabras.

Esta vez hice una captura de pantalla. Y me apresuré a buscar en el móvil aquellas palabras que me habían emocionado y que estaban condenadas a olvidarse, a borrarse.

No hay nada más hermoso que recibir un pensamiento, unas líneas de otra persona. De sentir que piensan en ti. Que te han dedicado parte de su tiempo y de sus energías en demostrártelo.

Pero, en esta realidad efímera en la que vivimos, el soporte en el que nos expresamos hace desaparecer estos recuerdos. Hoy se vive a contrarreloj, nada dura, hay un vorágine de información que nos mantiene alejados del presente.

Existimos con una sensación de irrealidad, nos alejamos del aquí y ahora a pasos agigantados. Nos condenamos a una pérdida de conciencia.

O no.

Yo elijo mantener mis «lugares comunes» en el presente y poder guardarlos.

Quién sabe si algún día voy a necesitarlos.

 

 

 

 

 

El café de Agosto

Quien dice café, dice vaso de agua fría, granizado, gazpacho… ¡¡Que calor!!

Me siento en un momento extraño, de descompresión. Una vez cerrado el primer semestre del año, mi día a día cambia radicalmente. Mi trabajo condiciona muchos aspectos de mi vida. Y me gusta, lo elegí así.

Julio consiguió su objetivo. Me hizo parar, descansar, replantearme el año y volver a trabajar desde otra perspectiva y con otros objetivos, pero por poco tiempo, porque vuelvo a estar de vacaciones.

Los meses de verano son especiales, los días son larguísimos, da la sensación de que el mundo entero está de vacaciones y las rutinas y los horarios se flexibilizan al máximo.

Son los meses en los que casi no tienes energía, con este calor es imposible, pero que te recargan al máximo de ella.

Es el momento de remolonear con Babau, de saltarnos las normas y de disfrutar de lo cotidiano sin las prisas del invierno. Son los días de estar los tres juntos.

Y en mi plan personal de este año, julio ha sido el momento de retomar los cursos on line de temas que me interesan, como la fotografía. De leer y leer. Y de intentar, cada vez con más éxito, adquirir hábitos saludables.

Os deseo que hagáis «verano» estos días y seáis felices.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tú eres la constante

Una vez intenté escribirte por aquí lo que siento. Me parecía importante que formarás parte de este universo, pero quedo contenido.

Escribir en un post lo que somos, nuestra historia o mis sentimientos me bloquea.

Es tan grande, eres tan importante en mi vida, que no tengo vocabulario para hacerte justicia.

Hace un tiempo guardé unas palabras, me las voy a hacer mías y así te deseo un muy feliz aniversario.

«Le preguntaron al maestro cuál era la diferencia entre la química y la alquimia en las relaciones de pareja y contestó estas palabras:

Las personas que buscan química son científicos del Amor, es decir, están acostumbrados a la acción y a la reacción.

Las personas que encuentran la alquimia son artistas del Amor, crean constantemente nuevas formas de amar.

Los químicos Aman por necesidad.

Los Alquimistas por elección.

La química muere con el tiempo.

La alquimia nace a través del tiempo.

La química Ama el envase.

La alquimia disfruta del contenido.

La química sucede.

La alquimia se construye.

Todos buscan química.

Solo algunos encuentran la alquimia.

La química atrae y distrae a machistas y a feministas. La alquimia integra en un principio masculino y femenino, por eso se transforma en una relación de individuos libres y con alas propias, y no en una atracción que está sujeta por los caprichos del ego.

En conclusión, dijo el Maestro mirando a sus alumnos:

La alquimia reúne lo que la química separa.

La alquimia es el matrimonio real.                                                                                                                    … La química siempre nos hará desgastar el Amor, mientras la alquimia siempre nos acariciará desde dentro.»

 

Te amo.                                                                                                                                                                            

 

 

 

 

Carmen

Hace días que estas palabras rondan mi cabeza. Me acabo de dar cuenta de la importancia de publicarlas hoy, aunque no dispongo de los medios adecuados, voy a intentar que quede a la altura de lo que quiero expresar.

Este post está dedicado a la mujer que le dio vida a mi existencia, mi madre.

Si tuviera que definirla con un adjetivo, sería superviviente. Es una persona que se crece ante las adversidades. Confía en su fuerza innata para afrontar cualquier tipo de situación y salir airosa.

No es única.

Pertenece a esa raza de mujeres que nacieron bajo la opresión. Que han vivido, dictadura, transición, democracia, crisis económicas y espirituales. Que crecieron bajo los ecos de la postguerra y conocen el significado de la carencia. Con profundos valores morales, a veces incomprendidos, a veces a destiempo.

Pero no es igual.

Si tuviera que definirla, después de haberlo pensado largamente, sería un camaleón. Es capaz  de ser Reina entre reinas y la más humilde obrera en una fábrica. Tiene la capacidad de fundirse con el medio, de sacar lo mejor de ella misma y del ambiente que la rodea.

Ya sé por qué detesto la mediocridad, porque a pesar de haber llevado una vida sencilla, siempre la ha vivido plena y en constante crecimiento personal.

Te quiero, no tanto como tú a mi. Cada una tenemos nuestro papel.

Existe la creencia de que elegimos a nuestros padres. Yo, hoy por hoy, lo tengo muy claro. Gracias a ti he podido ser la mejor versión de mi misma para mi hija.

Necesitaba tus valores, tu forma de entender la familia, el perdón y el amor para crear mis propios patrones.

Sin ti,  yo no podría ser yo.

Soy feliz viviendo esta nueva etapa, de nuestra relación, en la que hay un nuevo eslabon que fortalece más nuestra unión.

Quiero agradecerte, que hayas sido capaz de respetar el tiempo y el espacio que necesitaba para definirme de nuevo. Y que hayamos cambiado nuestros códigos de comunicación.

Ahora me ves como soy y te quiero aún más por ello.

Verano

Tenía grabado a fuego ese sentimiento de verano de mi infancia.

Un cliché de una niña en bragas, tostada por el sol, con la idea de que el tiempo era eterno, que pasaba los días entre diversión y aburrimiento.

Los veranos escolares.

Así quedaron en mi memoria. Espacios de tiempo interminables.

Después crecí, comencé a trabajar y se perdieron. En mi vida adulta he tenido vacaciones, pero había perdido el verano.

Hasta el año pasado.

Fue cuando, por primera, vez Babau tuvo su verano. De bebé había llevado el mismo ritmo que yo, las mismas vacaciones. Fue su primer verano escolar, completo, sin guarderías ni actividades.

Y volví a vivir esa sensación.

Una mezcla de pérdida total de horarios, relax, calor, tiempo libre y el tan menospreciado aburrimiento.

Que regalo.

Y aquí estoy tostada por el sol, disfrutando de algo que creía perdido.

Un regalo de tiempo, de luz, de días largos, que nos da esta estación para disfrutarlos sin prisas.