Ssshhh…….. A veces, paso de puntillas.

Me encantó un comentario, sobre mi último post, de una persona muy especial. Me dijo que estaba contenido. Y así era, creí necesario dedicarle un espacio a mi marido, aunque me tuviese que contener en lo que quería expresar.

El objetivo de tener mi blog es dar rienda suelta a lo que pienso,  para evitar quedarme con las cosas dentro, dejar fluir mis ideas, sentimientos y emociones. Pero hay muchos aspectos en los que vivo contenida o evito detenerme, casi siempre tiene que ver con el sufrimiento humano.

Ayer vi en Instagram una iniciativa #tejiendoporsiria. Muchas personas se han sumado a este proyecto que consiste en tejer a ganchillo o punto, una colcha para mandar a Síria. Y llevo desde ayer, intentando formarme una opinión al respecto. Por mi forma de ser, evito pensar en este tema porque me causa sufrimiento y fustración. No comprendo que sucedan este tipo de conflictos y me fustra enormemente ver que no se gestione una ayuda real. Una ayuda que sirva para cambiar esta situación y que evidentemente no está en nuestras manos.

Veo la división de la sociedad entre las personas que ponemos tiritas a los problemas, las que los ignoran por completo y las que tienen en su mano el poder de hacer algo y no lo hacen.

Pero las tiritas con #etiquetas me chirrían. Las redes sociales cada vez se hacen más eco de movimientos y acciones solidarias. Cada día celebramos o denunciamos algo, pero, en la mayoría de casos, se queda ahí en la pantalla del móvil. Parece que, cuando pasa un drama, todos nos tenemos que hacer eco, pero eso sí con hashtag, con lema y con foto mona. A veces, soy capaz de percibir la ola de «fashion solidaridad», de verla nacer y moverse por la red.

Creo que la denuncia y la difusión son fundamentales para crear conciencia y cambiar las cosas, pero un #jesuischarlie, entre subir tu foto del día y leerte un post en el sofá de poco sirven.

La solidaridad debe ser activa y reflejarse más allá de un lema, empieza en tu forma de vivir y entender la vida.

How deep is your love…

Llevo semanas pensando en este post, tiene hasta banda sonora, pero no sé cómo darle forma.

Es muy importante, para mi, dedicarle unas palabras, por su importancia, a mi  marido. Pero es tan especial, tan íntima y tan  personal nuestra relación que cada frase que pienso o que siento pierde su significado aquí en la red.

Así que sólo os contaré, que este verano consiguió, algo que nunca en la vida me podría haber imaginado. Enamorarme estando enamorada.

El matrimonio, después de la  paternidad, pasa por muchas fases. En nuestro caso, los tres primeros meses de vida, de nuestra hija, nos destruyó como personas. Que tu bebé no pare de llorar nunca, sumado a la lactancia, te destroza los nervios. Es difícil pensar y menos pensar en tu pareja. Aún así, a veces hablábamos y dábamos gracias de haber disfrutado tanto el uno del otro antes de ella. Era lo que nos quedaba para aguantar y dejar pasar el tiempo. Y afortunadamente pasa.

Entonces, no vuelve aquella relación, pero no importa, porque lo que has hecho junto a esa persona supera todas tus expectativas y da un nuevo sentido a la pareja. Y la relación se construye de nuevo pero con unos cimientos aún más sólidos.

Y hoy por hoy, sólo puedo decir que junto a él todo cobra sentido, que es mi complemento perfecto, mi espina dorsal.

Me miro pero no me veo.

Supongo que es por el paso del tiempo, la imagen que tienes de ti misma en la cabeza se va distanciando de la que refleja el espejo. Cambias, cada día, tan poco a poco que es imperceptible.

Hasta que lo es.

Y entonces, pasas por encima del reflejo en el espejo. Te miras pero no te ves. Lo evitas, al principio inconscientemente. Pero llega el día en que caes en la cuenta.

Comparto mi vida con dos imágenes. La de mi cabeza y la de mi espejo.

Y en este proceso tan personal, que me ha dado por hacer público, este es uno de mis nuevos retos.

Hace tiempo que decidí mirar lo que tenía dentro y tomar decisiones. He dejado ir, he perdonado, he entendido, he reflexionado y he madurado muchas cosas. Hasta que en este camino he llegado al envoltorio.

Y me he parado para verme. Con la herramienta con la que mejor me expreso últimamente, mi cámara. Busque el tiempo, las ganas, la valentía y el cariño de hacerme un retrato.

Me siento iniciando el proceso, no es el retrato definitivo, pero es un paso adelante. Una nueva actitud frente a mi misma.

Ahora me miro y me veo.

Nueve: Los días de pelo sucio.

Sí, hija mía. Hay días, en los que te tienes que dar el gusto de llevar el pelo sucio. De disfrutar, de relajarte, de quitarte la presión. Esa que te obliga a estar bien, para los demás, para el colegio, para la universidad, para el trabajo… para lo que sea.

Ya me entiendes. Sé capaz de ampliar los límites. Disfruta de comer una fruta y mancharte con su zumo. Disfruta de llevar tu ropa más vieja una tarde en casa. Disfruta de ver lo guapa que eres sin maquillaje ni artificios. Disfruta de darte el capricho de sentirte libre de cumplir con los convencionalismos. Yo, en mi caso lo tengo claro, el día de la rebelión es el que me digo, a la mierda, hoy no me lavo el pelo. Y ya ves, no cambia nada, en el mundo todo sigue su curso. Es más en la vorágine de nuestras vidas nadie se va a dar cuenta. Pero yo ese día soy más libre, porque con un gesto,  me revelo de lo establecido.

Decido.

Y eso, me ayuda a darme cuenta de que, aunque tenga obligaciones e imposiciones, hay una parte aunque sea ínfima, sobre la que sólo yo tengo el control. Y ahí es dónde me reafirmo.

Así que te invito a que vivas evitando la mediocridad pero sobretodo a que vivas libre.