Tres: Cuida lo que envuelve tu esencia.

Los padres, justo desde el momento en el que conocemos la existencia de nuestro bebé, antes de que nazca, ya desde la barriga, nos obsesionamos con la idea de que no le pase nada, ni por fuera, ni por dentro. Que la embarazada no se caiga, no se de ningún golpe, ningún susto, menos un disgusto. Que se cuide, que coma bien, que se haga todas las pruebas médicas. Todo lo posible, lo que está en nuestras manos, para salvaguardar la esencia de nuestro bebé. Que nazca sano física y mentalmente.

Una vez fuera, que te voy a contar. Todo el cuidado, la atención y el amor del mundo para protegerlo. Para que crezca sano, para que no se hiera, no sufra. Todas las revisiones, las vacunas, los remedios para que no enferme.

Es una responsabilidad, que tenemos, para con la vida que hemos creado. Pero, no es una responsabilidad perpetua. Debo cumplirla en la medida que me toca como madre, porque, lo que me gustaría dejarte en estas letras, es la idea, de que tu máxima responsabilidad en la vida, es cuidarte, física y mentalmente. Tienes un envoltorio único, que depende de ti y te condicionará, de una manera u otra, dependiendo de cómo lo cuides y de en qué estado se encuentre.

Cuídate, lleva una vida sana, cultiva tu mente, haz cosas que te nutran, rodéate de gente que valga la pena. Y sobretodo, en tus primeros pasos en la vida, cuando salgas de la protección de tus padres, vela por ti misma y por tus intereses. Toma  elecciones sanas. No me preocupa que te equivoques, ni que sufras o verte triste o enferma. Me preocupa algo más allá, que te pongas en peligro. Habrá momentos en la vida, en los que tendrás que tomar decisiones, de lo que quieres probar, con quién y cuánto. Y el dilema es la medida. Cuánto hay que vivir o no de una experiencia. Tienes que vivir y espero que lo hagas. Así que, no quiero que te cierres al mundo, ni lo que te ofrece. Sólo ten en cuenta mis palabras, cuídate, vive y mima tu esencia. Sé responsable de ti.
Creo que, es necesario, que te deje escrito, lo valiosa que eres para nosotros. Te hemos concebido con todo el amor del mundo. Pero sobretodo, eres lo más valioso para ti misma.

Te necesitas para vivir la vida.

Dos: Vive la Vida

Así de sencillo y así de complejo.

Seguro, que este tendría que haber sido el legado número uno, pero no están en orden.

El orden de las cosas, depende del momento, en el que las estés viviendo. Así que, te escribo en base a mi momento. Tú decidirás, que te sirve, qué no y cuándo. Es algo que a mi me ha costado comprender. No hace falta tomarlo todo, ni de las personas, ni de las situaciones, ni de las emociones, en realidad de nada. Puedes elegir tomar sólo la parte que te llena, la que te sirve para aprender, la que te hace feliz, la que te complementa, la que necesitas. No es cierto que tengas que quedarte con todo siempre.

Pero sí hay una cosa que te pido. No te quedes en la superficie, vive, siente, emociónate hasta los huesos.  Pero no retengas, fluye, evoluciona, crece con el flujo de la vida y sus circunstancias.

La vida, es lo más hermoso que te va a pasar y lo que te acompañará siempre. Uno no está solo si está vivo. Es algo a lo que te puedes abrazar, aferrar en los momentos que lo necesites.

Te deseo, algo así como, lo que he leído en ocasiones de «vivir despeinada». Y es que, todo lo que te hace sentir viva, disfrutar de la vida despeina. Te podría hacer una lista, pero es mejor que tengas la tuya propia. Te puedo ayudar diciéndote lo que para ti, con tus tres años, te hace vivir despeinada.

  • Dar saltos con Papá.
  • Hacerte selfies con Mamá en la cama.
  • Jugar y jugar y jugar.
  • Tirarte por el suelo.
  • Hacer de princesa de hielo en la piscina, para lo que indudablemente se necesita el pelo suelto.
  • Dormir.
  • Y lo mejor, ir despeinada porque sí, porque no necesitas nada superfluo para sentirte bien, porque eres feliz tal cual eres.

Guarda un poco de ese espíritu, de niña de tres años, siempre. Conserva y cuida a tu niña interior. Cuando se es adulto, no se debe abandonar al niño. Y siéntete viva, porque es un privilegio. Y piensa, qué es lo que te hace sentir viva, para no dejar de hacerlo.

Uno: Un lugar donde reconciliarte con tu alma.

Encuentra un lugar que haga que conectes contigo misma. Con el universo. Dónde el tiempo se pare y no sientas, ni tu edad, ni tu físico, ni lo que pasa en tu vida en ese momento. Un lugar en el que cuando llegues, sientas que todo deja de importar y estás realmente en el sitio que quieres estar.

Para mí ese lugar llegó sin premeditar. Al principio, sólo lo valoraba por ser el sitio dónde disfrutaba de la naturaleza en estado puro. Con el tiempo, se convirtió en un lugar, en el que siempre había sido feliz. Un rincón del mundo, de dónde sólo guardaba buenos recuerdos. Al que iba feliz y del que salía feliz. Con los años he estado largas temporadas sin ir, pero al volver siempre sentía lo mismo. Todo se detiene, nada importa, es como si al bajar del coche lo dejases todo en él. Y nada hubiese cambiado.

Pero este año, he descubierto en mi lugar algo más. Que es capaz de curarme el alma.

La primera vez, porque acogió algo de lo que necesitaba desprenderme.

Y la última vez, porque cuando fui no estaba feliz, llevaba una gran tristeza conmigo, pero allí me sentí acunada, arropada, cómo por un bálsamo que me alivió la mayor parte de mi dolor. Sentí la conexión con mi alma y el alivio. Pude poner un punto de inflexión para seguir desde otra perspectiva.

Por eso te deseo que encuentres el tuyo.

El legado a mi hija.

Me gustaría escribir una serie de entradas que, en conjunto, supusiesen un legado a mi hija.

Pensamientos, emociones, historias, lugares, sensaciones… cosas, que quisiera trasmitirle como importantes para mí y que a lo mejor a ella le sirven en su vida.

Tengo una idea global de lo que quiero hacer, pero, también, tengo la sensación, de que en la medida que vaya escribiéndolas, se forjará la forma de lo que quiero trasmitirle.

Troya, mi niña de ojos amarillos.

Te saqué de una jaula, para que tú sacases de mí, todo el amor que quería darle a un hijo, que no era el momento de tener.

Así que, no tengo más que palabras de agradecimiento. Has sido mi niña, mi primera hija. Hemos compartido nueve años y me has acompañado silenciosamente, como una sombra, en todo momento.  Y los hemos vivido intensamente. Me has acompañado a la playa,  a la montaña, a trabajar y sobretodo, me acompañaste todo el embarazo. Estuviste a mi lado en el momento que más necesitaba una amiga y que, por circunstancias de la vida, me quedé sin ellas.

Ha sido un placer y un orgullo tenerte. Has sido un animal grande, fuerte y noble. He tenido la suerte de estar juntas hasta tu último suspiro. Y me lo pusiste muy fácil. Aceptaste las circunstancias y te dejaste llevar, liberándome de la responsabilidad de decidir. Muriendo con la dignidad con la que aspiro a vivir mi vida.

Me dejas un recuerdo imborrable, muchas alegrías y una infinita tristeza. Allá donde estés te querré siempre.