Tú eres la constante

Una vez intenté escribirte por aquí lo que siento. Me parecía importante que formarás parte de este universo, pero quedo contenido.

Escribir en un post lo que somos, nuestra historia o mis sentimientos me bloquea.

Es tan grande, eres tan importante en mi vida, que no tengo vocabulario para hacerte justicia.

Hace un tiempo guardé unas palabras, me las voy a hacer mías y así te deseo un muy feliz aniversario.

“Le preguntaron al maestro cuál era la diferencia entre la química y la alquimia en las relaciones de pareja y contestó estas palabras:

Las personas que buscan química son científicos del Amor, es decir, están acostumbrados a la acción y a la reacción.

Las personas que encuentran la alquimia son artistas del Amor, crean constantemente nuevas formas de amar.

Los químicos Aman por necesidad.

Los Alquimistas por elección.

La química muere con el tiempo.

La alquimia nace a través del tiempo.

La química Ama el envase.

La alquimia disfruta del contenido.

La química sucede.

La alquimia se construye.

Todos buscan química.

Solo algunos encuentran la alquimia.

La química atrae y distrae a machistas y a feministas. La alquimia integra en un principio masculino y femenino, por eso se transforma en una relación de individuos libres y con alas propias, y no en una atracción que está sujeta por los caprichos del ego.

En conclusión, dijo el Maestro mirando a sus alumnos:

La alquimia reúne lo que la química separa.

La alquimia es el matrimonio real.                                                                                                                    … La química siempre nos hará desgastar el Amor, mientras la alquimia siempre nos acariciará desde dentro.”

 

Te amo.                                                                                                                                                                            

 

 

 

 

Carmen

Hace días que estas palabras rondan mi cabeza. Me acabo de dar cuenta de la importancia de publicarlas hoy, aunque no dispongo de los medios adecuados, voy a intentar que quede a la altura de lo que quiero expresar.

Este post está dedicado a la mujer que le dio vida a mi existencia, mi madre.

Si tuviera que definirla con un adjetivo, sería superviviente. Es una persona que se crece ante las adversidades. Confía en su fuerza innata para afrontar cualquier tipo de situación y salir airosa.

No es única.

Pertenece a esa raza de mujeres que nacieron bajo la opresión. Que han vivido, dictadura, transición, democracia, crisis económicas y espirituales. Que crecieron bajo los ecos de la postguerra y conocen el significado de la carencia. Con profundos valores morales, a veces incomprendidos, a veces a destiempo.

Pero no es igual.

Si tuviera que definirla, después de haberlo pensado largamente, sería un camaleón. Es capaz  de ser Reina entre reinas y la más humilde obrera en una fábrica. Tiene la capacidad de fundirse con el medio, de sacar lo mejor de ella misma y del ambiente que la rodea.

Ya sé por qué detesto la mediocridad, porque a pesar de haber llevado una vida sencilla, siempre la ha vivido plena y en constante crecimiento personal.

Te quiero, no tanto como tú a mi. Cada una tenemos nuestro papel.

Existe la creencia de que elegimos a nuestros padres. Yo, hoy por hoy, lo tengo muy claro. Gracias a ti he podido ser la mejor versión de mi misma para mi hija.

Necesitaba tus valores, tu forma de entender la familia, el perdón y el amor para crear mis propios patrones.

Sin ti,  yo no podría ser yo.

Soy feliz viviendo esta nueva etapa, de nuestra relación, en la que hay un nuevo eslabon que fortalece más nuestra unión.

Quiero agradecerte, que hayas sido capaz de respetar el tiempo y el espacio que necesitaba para definirme de nuevo. Y que hayamos cambiado nuestros códigos de comunicación.

Ahora me ves como soy y te quiero aún más por ello.

Verano

Tenía grabado a fuego ese sentimiento de verano de mi infancia.

Un cliché de una niña en bragas, tostada por el sol, con la idea de que el tiempo era eterno, que pasaba los días entre diversión y aburrimiento.

Los veranos escolares.

Así quedaron en mi memoria. Espacios de tiempo interminables.

Después crecí, comencé a trabajar y se perdieron. En mi vida adulta he tenido vacaciones, pero había perdido el verano.

Hasta el año pasado.

Fue cuando, por primera, vez Babau tuvo su verano. De bebé había llevado el mismo ritmo que yo, las mismas vacaciones. Fue su primer verano escolar, completo, sin guarderías ni actividades.

Y volví a vivir esa sensación.

Una mezcla de pérdida total de horarios, relax, calor, tiempo libre y el tan menospreciado aburrimiento.

Que regalo.

Y aquí estoy tostada por el sol, disfrutando de algo que creía perdido.

Un regalo de tiempo, de luz, de días largos, que nos da esta estación para disfrutarlos sin prisas.

 

 

 

 

 

Carta al Director

Cuando era pequeña, muy pequeña, en parvulario, le tenía un miedo atroz al Director de mi colegio.

Recuerdo que para entrar en la clase formábamos filas en el patio. Durante ese rato, me consumía la ansiedad y los nervios ante la posibilidad de que mi profesora faltase y él tuviese que hacer de sustituto.

Y así cada día, todos los días.

Para mi fortuna Gloria no faltó nunca.

Después de aquel colegio, fui a otros dos más y al instituto. A duras penas recuerdo a ningún director más. Ninguna relación, ninguna palabra, ningún intercambio.

Las personas muy introvertidas en nuestras relaciones y con nuestras emociones necesitamos tiempo y espacio.

Actualmente sé que eso es exactamente lo que no me proporcionaron los adultos de mi entorno, en su mayoría. Pasé mi infancia pensando cosas que jamás dije.

Nunca hubo ayuda contra ese miedo, porque jamás lo expresé en voz alta.

Y ahora he vuelto al colegio, como madre.

Cada día doy la manita a mi hija y entramos en el colegio. Cada día en la puerta está su Director recibiendo a los niños.

Y con él se reescribe la historia.

Esta es la parte difícil de abordar, me cuesta mucho encontrar palabras de agradecimiento que de verdad expresen lo que siento.

Estos dos años a tu lado dejan una huella imborrable en nosotras y especialmente en mi. A tu lado la personas desean crecer, aunque ya sean adultas.

Eres, Ricard, un educador en mayúsculas. Una persona inspiradora que trabaja creando un mundo mejor. Alguien con quién deseas hablar porque contigo la comunicación es en los códigos del corazón.

Te recordaré siempre, ayudando a tirarse por el tobogán a los más pequeños, en la excursión.

Sin duda no inspirabas temor a nadie.

 

 

 

 

 

 

 

Te echo de menos.

“- Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así…, por placer…Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando el cielo.”

El Principito.

 

Me cuesta escribirte, pero no quería que pasase este día sin dedicarte unas palabras, me cuesta porque no quería que fuesen tristes, aunque te tengo que confesar que he llorado tu ausencia como lo hice hace un año.

No soy capaz de pensar en ti sin emocionarme. Tu huella en casa es profunda y aún hay mucho de ti en nuestras vidas.

Pero, si hay algo que he añorado este año, es poder abrazarme a tu enorme cuello. Siempre fuiste una fuente de alegría y de consuelo. Contigo nunca me sentí sola y llenaste mi vida de preciosos paseos, juegos y anécdotas.

Por ello, hoy te recordaré feliz en tu enorme charca de mar, intentado pescar peces durante horas sin conseguirlo. O sentada en la terraza disfrutando del sol. O subida en la escalera vigilando el barrio. O tumbada a mi lado, en el suelo de la habitación roncando en nuestra interminables siestas.

Y sé que llegará el consuelo y el día en el que sólo te recuerde con alegría.