Carta al Director

Cuando era pequeña, muy pequeña, en parvulario, le tenía un miedo atroz al Director de mi colegio.

Recuerdo que para entrar en la clase formábamos filas en el patio. Durante ese rato, me consumía la ansiedad y los nervios ante la posibilidad de que mi profesora faltase y él tuviese que hacer de sustituto.

Y así cada día, todos los días.

Para mi fortuna Gloria no faltó nunca.

Después de aquel colegio, fui a otros dos más y al instituto. A duras penas recuerdo a ningún director más. Ninguna relación, ninguna palabra, ningún intercambio.

Las personas muy introvertidas en nuestras relaciones y con nuestras emociones necesitamos tiempo y espacio.

Actualmente sé que eso es exactamente lo que no me proporcionaron los adultos de mi entorno, en su mayoría. Pasé mi infancia pensando cosas que jamás dije.

Nunca hubo ayuda contra ese miedo, porque jamás lo expresé en voz alta.

Y ahora he vuelto al colegio, como madre.

Cada día doy la manita a mi hija y entramos en el colegio. Cada día en la puerta está su Director recibiendo a los niños.

Y con él se reescribe la historia.

Esta es la parte difícil de abordar, me cuesta mucho encontrar palabras de agradecimiento que de verdad expresen lo que siento.

Estos dos años a tu lado dejan una huella imborrable en nosotras y especialmente en mi. A tu lado la personas desean crecer, aunque ya sean adultas.

Eres, Ricard, un educador en mayúsculas. Una persona inspiradora que trabaja creando un mundo mejor. Alguien con quién deseas hablar porque contigo la comunicación es en los códigos del corazón.

Te recordaré siempre, ayudando a tirarse por el tobogán a los más pequeños, en la excursión.

Sin duda no inspirabas temor a nadie.

 

 

 

 

 

 

 

El café de Julio

Este «café» me lo tomo en viernes, sentada en mi terraza, mientras mi familia duerme, después de haber regado las plantas.

Estamos de vacaciones.

Este primer semestre ha sido vertiginoso, exigente y lleno de éxito. Un período de puesta a prueba.

Tengo una amiga que siempre habla de morir de éxito. Es cuando las cosas te van tan bien en un ámbito, que desatiendes todo lo demás y al final todo se va al traste.

Por ello, he sentido este año como una puesta a prueba. A nivel laboral será un año histórico, siempre es hermoso vivir algo así, algo que sabes que difícilmente se repetirá y que es fruto de la confluencia de muchísimos factores. Pero también puede ser muy absorbente y cegador.

Esa ha sido la puesta a prueba. El momento de verificar que tengo claras las prioridades y la manera de ver y vivir la vida.

Aún así ha habido sacrificio, siempre lo hay. Pero es importante tener la capacidad de verlo en el momento y de poder elegir qué es lo que vamos a desatender.

Y aquí estoy, disfrutando de estas vacaciones, las más cotidianas que he tenido jamás y que me están haciendo inmensamente feliz.

Vacaciones en casa, sin horarios, sin prisa, sin separarnos.

Vacaciones para retomar los hábitos sacrificados por un tiempo pero no olvidados, eso ya no va a pasar más.

Porque se puede obviar algo importante un tiempo, pero debe ser un tiempo limitado, con fecha de caducidad, sino la factura es demasiado alta.

 

Te echo de menos.

«- Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así…, por placer…Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando el cielo.»

El Principito.

 

Me cuesta escribirte, pero no quería que pasase este día sin dedicarte unas palabras, me cuesta porque no quería que fuesen tristes, aunque te tengo que confesar que he llorado tu ausencia como lo hice hace un año.

No soy capaz de pensar en ti sin emocionarme. Tu huella en casa es profunda y aún hay mucho de ti en nuestras vidas.

Pero, si hay algo que he añorado este año, es poder abrazarme a tu enorme cuello. Siempre fuiste una fuente de alegría y de consuelo. Contigo nunca me sentí sola y llenaste mi vida de preciosos paseos, juegos y anécdotas.

Por ello, hoy te recordaré feliz en tu enorme charca de mar, intentado pescar peces durante horas sin conseguirlo. O sentada en la terraza disfrutando del sol. O subida en la escalera vigilando el barrio. O tumbada a mi lado, en el suelo de la habitación roncando en nuestra interminables siestas.

Y sé que llegará el consuelo y el día en el que sólo te recuerde con alegría.

 

 

 

 

El café de junio

Esta iniciativa la marqué como una forma de «saborear» el paso del tiempo. De obligarme a hacer paradas, para darme el tiempo suficiente de pensar si estoy donde quiero estar. Si estoy dedicando tiempo a lo verdaderamente importante o estoy dando vueltas como pollo sin cabeza.

Y este es el café que más me ha costado pararme a tomar.

Mayo ha sido un mes de limpieza profunda. Le hemos dado la vuelta a toda la casa. No ha quedado ni un cajón, ni una carpeta, ni una caja sin revisar. Y eso no sólo se refleja en la casa.

Creo que, cuando te paras a revisar todos tus objetos personales para decidir qué hacer con cada uno de ellos o quieres un cambio en tu vida o ya lo has hecho.

En 39 años, esta es la segunda vez que llevo a cabo este proceso.

Y comentaba que me ha costado pararme porque me ha dejado fuera de este mundo 2.0.

Durante la limpieza, me ha invadido un sentimiento intimista, en el que cada vez más me planteaba si aún siento la necesidad de mostrarme.

La satisfacción que producen las redes sociales es tan efímera y en la mayoría de los casos vacía, que en momentos como este me sobra.

También es verdad que mayo ha sido inusualmente invernal. Tal vez por eso en vez de salir al sol me he vuelto a meter en el caparazón.

 

 

Menorca

El primer post del legado a mi hija hablaba del lugar que me cura el alma y su importancia en mi vida.

Y luego está Menorca.

Sin darme cuenta, poco a poco se me ha ido metiendo en vena. Hasta tal punto que me siento de aquí. Sé que físicamente no nací aquí y que no hay ningún lazo de sangre que me ate a este lugar, pero mi alma se siente en casa.

Da igual el motivo, si estoy sola, si dejo todo lo que verdaderamente me importa para venir.

Al pisar la isla me siento en casa.

Es algo que va mucho más allá de mi estado anímico, del momento que esté viviendo, de cómo me encuentre.

Cuando llego respiro.

Menorca tiene la cualidad de no dejar indiferente, la amas o la odias. Dicen que su subsuelo de cuarzo desprende una energía tan potente que te atrae o te repele.

Es hermosa y natural, permanece limpia de artificios.

Es orgullosa y se mantiene firme en sus convicciones.

Amanece la primera de este país pero continua el día a su ritmo.

Tiene una historia apasionante. Es estratégica y prehistórica.

Es reserva de la Biosfera.

A mi me ha enamorado.