El café de Noviembre.

Octubre han sido 31 días de montaña rusa, de esas muy largas, en las que te da tiempo a tener muchos estados de ánimo y que acaban en el hartazgo. Difícilmente puedo hacer mi valoración personal sin tener en cuenta la situación política del país.

Es una situación en la que todos nos hemos posicionado y de la que por fuerza hemos tenido que hablar hasta con nuestros pequeños.

De política no escribiré y tampoco de lo que opino a nivel personal, pero sí quiero hablar de la idea con la que hemos educado a nuestra hija.

Creo que el lugar en el que nacemos es accidental, un cúmulo de circunstancias que no hemos elegido conscientemente. Y ese lugar, no te pertenece más que a otra persona. Tenemos el derecho a elegir dónde vivir o de dónde nos sentimos y nadie nos puede hacer sentir lo contrario, simplemente porque todos somos seres humanos pertenecientes al mismo planeta. Por mí, incluso eliminaría las diferentes clasificaciones de raza y la dejaría en una única: «humana».

Comparto relaciones sentimentales, de trabajo y escolares con gente de diferentes lugares; y lo entiendo como algo positivo y enriquecedor. Una cura de humildad frente a muchas ideas impuestas históricamente y la mejor manera de educarnos con una mente abierta y tolerante.

Entiendo que vivimos en un mundo con fronteras, pero éstas no deben ser limitadoras o excluyentes, y menos mentales.

El miedo y la ignorancia hacen que nos cerremos y tomemos la opción más drástica y fácil como la mejor. Mi propia hija me dijo que a ver por qué tenía que venir nadie a nuestra isla. Sin darse cuenta de que su propia madre nunca la habría tenido sin haber venido hace mucho tiempo de afuera.

Pensemos antes de hablar y evitemos herir a quienes nos rodean, incluso recomendemos a nuestros hijos que es mejor no hablar en el colegio. Cada uno de nosotros tiene derecho a tener su opinión, pero antes de las ideologías están las personas. Hablemos como personas sobre nuestras ideas, no defendamos vehementemente nuestras ideas sin ser personas.

Una madrileña que vive en Mallorca y se siente menorquina.

 

Imágenes en la retina.

A través de la cámara, ve como la luz del otoño ha transformado los árboles en grandes esqueletos marchitos. Busca una imagen que la devuelva a la vida. Su corazón se ha parado. Camina, trabaja y respira, pero no siente. No puede o no quiere, aún no lo ha decidido.

La carta aplastada y arrugada permanece en el fondo de la bolsa. A veces, cuando va a cambiar de objetivo la ve, al fondo. Entonces siente un latigazo en las entrañas. Pero es una descarga insuficiente. Continúa su paseo mientras siente el peso de la cámara en su cuello, camina despacio por el bosque sin control sobre sus pasos.

Yanira, un descubrimiento pausado, imágenes que se van sumando sin importancia, hasta que un día se unen suavemente y surge la niña tras la niebla.

Poca gente ve a Yanira, pasa desapercibida en un patio de niños felices que corren y gritan. Ella no sonríe, no mira directamente, no participa, no habla.

Vive opaca tras un cristal que ha creado al sentirse diferente.

En el bosque, Amina siente los últimos acontecimientos como un sueño. La manita de Yanira en la suya. Sus ojos lejanos. Sus miedos. Sus ganas de liberarse y correr.

En ese instante una mariposa pasa volando frente a sus ojos. Amina enfoca y dispara captando el momento en que despliega al máximo sus alas. Un rayo de sol penetra a través de las copas de los árboles y tiñe de dorado la escena. Cierra los ojos dejando que la luz le queme el rostro. Al respirar, siente como la realidad va subiendo de volumen.

Se quita la cámara del cuello, la guarda en su funda y la mete en la mochila junto a la carta.

Se arrodilla junto al árbol y comienza a escarbar en la tierra haciendo un profundo agujero con sus propias manos.

Allí entierra la mochila y, con ella, su visión de un mundo en el que las mariposas son hermosas y las niñas pueden salir de las crisálidas que las devoran volviéndolas invisibles.

El jardín de mi padre.

Me reclamaste a tu lado,
en el momento en que una vida
germinaba en mi interior.

Un encuentro,
sin palabras,
sin contacto.
Dos desconocidos.
Una promesa.
Un compromiso.

A nuestras espaldas,
un desierto
sembrado de espinas,
de sangre inventada
que justificaba ausencias incomprendidas.

La promesa se ahogó
en un manantial de dolor
contenido en lágrimas
que mecían la nueva vida.

Y mientras ella se gestaba,
emprendí el viaje,
ese en el que te traje a casa,
dentro de una fría urna.

Tardé tiempo en encontrar el valor
para dejarte marchar,
y mucho más para aceptarte.

Al abrazar el origen,
rebrotaron las raíces,
en ese jardín que tú creaste
y en el que ambas florecemos.

El café de Octubre.

Es un café de vuelta a los orígenes.

Se está gestando un cambio importante y no puedo evitar, cada vez más, acordarme de la frase de mi oráculo: «En el centro del huracán reina la calma».

Es momento de tener las ideas claras, la mirada limpia y la postura flexible. De tener claro quién eres, para que lo esencial,  no sea dónde estás, sino cómo estás. Es tiempo para el equilibrio. Mantener la vista puesta en el final y no dejarme llevar por las corrientes es la forma en que he decidido pasar estos últimos meses del año.

Pero eso es sólo en una de las facetas de mi vida.

Ahora tengo una conciencia diferente de mi realidad y de cómo gestionar las emociones.

He descubierto que no todo se debe vivir intensamente. Tengo la capacidad de decidir qué es lo que me afecta y hasta dónde. Y hay determinadas cosas que aunque nos den de comer no son importantes.

Y nada es lo suficientemente importante como para dividir a las personas. El cambio que vivo de manera individual, coincide con un gran cambio histórico y colectivo de este país. Me parte el corazón esta situación y a la vez me acerca cada vez más a personas que quiero y aprecio aunque pensemos diferente. Porque el pensamiento está en la superficie y la esencial va más allá. Querida Judit , contigo como ejemplo, estamos cada día más cerca, pues no se trata de reducir esto a dos bandos, es mucho más profundo y complejo. Yo me siento contigo y no frente a ti.

 

La foto de otra de mis queridas amigas en la distancia, gracias Inma, este año es un regalo tenerte cada mes.

Un abrazo.