El Café de Diciembre

Hoy pongo un punto y aparte.

El blog como tal ha tocado techo. Hasta ahora ha sido un rincón personal en el que he dado libertad a mis emociones. He escrito cuando me ha apetecido, sin meditar lo que escribía, de una forma totalmente sensitiva.

Y me ha dado grandes resultados.

He cambiado mucho desde la primera entrada hace más de un año y una de las cosas que más ha cambiado es la forma en que deseo mostrarme y la manera en que quiero escribir.

Tengo ganas de dedicarme a otro tipo de proyectos en los que la escritura es la gran protagonista, pero de otra manera.

Sin proponérmelo esta entrada cierra perfectamente el ciclo.

Me gustaría dejar 2.490 gracias una por cada vez que habéis entrado en este espacio. Es mucho más de lo que había imaginado.

Muy feliz de haber compartido este espacio nos vemos en nuevos proyectos.

 

 

 

El café de Noviembre

Perdí el hilo, la conexión y se produjo el bloqueo.

Es el resumen de este mes.

Me asaltaron las dudas, la autoexigencia, la crítica y la inseguridad.

De repente, empecé a cuestionarlo todo y en vez de crecer con las respuestas me volví pequeñita, pues no había respuestas.

El diálogo interior se volvió en mi contra.

Las preguntas eran excesivas, el lenguaje destructivo y la comprensión se fue de vacaciones.

Todo ello un cóctel que aniquiló el hilo.

Pero crecí rodeada de agujas, telas, tijeras y por supuesto hilos. Naturales, sintéticos, flexibles, resistentes, gruesos y finos.

Y del tipo más especial del invisible, el que te une y unes a lo que más quieres, el que forja tu camino.

Y sé coserlo.

El café de octubre.

A veces, imagino mi vida como los anillos en el tronco de un árbol. Círculos de tiempo cíclicos. Todo se repite, todo cambia.

Septiembre ha sido largo y lleno de contrastes. Empezó en verano y ha acabado en otoño. Llegó con vacaciones, playa y tiempo libre y se ha asentado en la rutina, el colegio y los atascos. Amanecíamos de día y ahora lo hacemos de noche.

Una lenta transición.

A nivel personal, un mes de toma de decisiones, de abrir los ojos a mi entorno.

He tenido que parar, tomarme en serio mi cuerpo y dejar de forzarlo en una batalla sin sentido.

He limpiado mi hogar de una carga tremendamente tóxica.

He dudado, mucho.

Mucho.

Hasta que me he dado cuenta de lo innecesaria que era mi duda.

Y he pasado a la acción. A poner en marcha de nuevo proyectos, de los que no veo el final, ni en muchos casos el objetivo, pero con los que disfruto el camino.

Os deseo un gran otoño.

 

El café de Septiembre

Otra vez aquí.

No me gusta escribir valoraciones, como es el café del mes, en momentos personales en los que mis emociones están en modo montaña rusa.

Si escribo desde el momento actual, estoy muy alejada de lo que ha sido este mes, si no lo hago siento que falseo la realidad.

Que dilema.

Pero, sí que hay una cosa que tengo grabada a fuego de este agosto es el tiempo que he compartido con mi hija y lo importante que es mi marido en mi vida. Ella es nuestra luz, la alegría, la espontaneidad, la felicidad de algo nuevo cada día. Él es mi refugio, el complemento, la serenidad y el sentido.

Ahora estoy lejos y llevo tres días añorando verlos de nuevo. Haber estado tanto tiempo juntos, sin prisas, viviendo lo cotidiano como algo especial me ha debilitado para estar sola.

Hemos normalizado el hecho de que los miembros de una familia no compartan tiempo juntos. Si hago un análisis del tiempo que comparto con mi familia, cuando estamos en época escolar, me da unas tres o cuatro horas de media, en las que hay que llevar a cabo rutinas y obligaciones que dejan poco espacio a nada más.

Esto es lo que me pesa ahora mismo. En una semana volvemos a la rutina. Cuando llegué el momento lo haré ilusionada y buscaré la mejor manera de disfrutar de los míos. Pero hoy estoy tristona y no me interesa dar otra imagen, ni hacer otra lectura de este momento. Estoy triste y me lo voy a permitir. En dos horas, en cuanto baje del avión seguro que esta sensación se esfuma.

Pero ahora es lo que hay.

 

 

El café de Agosto

Quien dice café, dice vaso de agua fría, granizado, gazpacho… ¡¡Que calor!!

Me siento en un momento extraño, de descompresión. Una vez cerrado el primer semestre del año, mi día a día cambia radicalmente. Mi trabajo condiciona muchos aspectos de mi vida. Y me gusta, lo elegí así.

Julio consiguió su objetivo. Me hizo parar, descansar, replantearme el año y volver a trabajar desde otra perspectiva y con otros objetivos, pero por poco tiempo, porque vuelvo a estar de vacaciones.

Los meses de verano son especiales, los días son larguísimos, da la sensación de que el mundo entero está de vacaciones y las rutinas y los horarios se flexibilizan al máximo.

Son los meses en los que casi no tienes energía, con este calor es imposible, pero que te recargan al máximo de ella.

Es el momento de remolonear con Babau, de saltarnos las normas y de disfrutar de lo cotidiano sin las prisas del invierno. Son los días de estar los tres juntos.

Y en mi plan personal de este año, julio ha sido el momento de retomar los cursos on line de temas que me interesan, como la fotografía. De leer y leer. Y de intentar, cada vez con más éxito, adquirir hábitos saludables.

Os deseo que hagáis «verano» estos días y seáis felices.