El poder de la palabra

Se hace difícil escribir sin nombrar lo que ha pasado este fin de semana. Hace poco que hablé de este tema en un post  «Sshhh,a veces paso de puntillas» , por lo que prefiero no reiterarme.

Esta semana se me resistía.  No encontraba esa sensación, idea o sentimiento al que engancharme para escribir. Hasta este mismo mediodía, en el que en medio de una divagación, he recordado un momento muy especial de mi vida.

Fue hace muchos años, no recuerdo muy bien que edad tenía, pero andaba por los 18, tuve la primera pérdida de una persona querida. Al dolor, se me sumo una inesperada sensación de tranquilidad. En ese momento, supe que estaba tranquila, porque le había dicho todo lo que quería que supiese. Me guardé eso como una valiosa enseñanza.

Hasta hoy, intento decir a personas de mi entorno, qué es lo que siento por ellas. Tiene un gran impacto y siempre es positivo.

Pero no siempre es tan fácil. Hay personas muy queridas, especialmente importantes en mi vida, con las que no es tan sencillo.

El poder de la palabra, de la comunicación, tiene lugar cuando es fluida. Y a veces en las relaciones, personas como yo, creemos necesitar defendernos con muros. No hay nada más negativo. Un muro no te defiende, sólo frena el flujo, de lo bueno, de lo malo, de lo que sale y de lo que entra. Por lo tanto, esa barrera te aleja de las personas. En vez de cuidarte, te daña.

Una vez comprendido, sólo queda liberarse.

 

¡¡Me encanta Instagram!!

Adoro Instagram es mi red social favorita sin lugar a dudas. Cuando abrí mi cuenta estaba perdida, sólo tenía agregados a mis contactos de Facebook y no le veía ninguna gracia especial. Hasta que un día  Jackie Rueda publicó un post con sus cuentas favoritas de IG.

A Jackie, le tendría que dedicar todo un mes de entradas en agradecimiento a su fotografía y su magnifica escuela. Todo lo que ella capta con su cámara está dotado de una luz especial. Me fascina. Así que devoré el post impaciente por saber qué es lo que le emociona. Y no me decepcionó. Sus sugerencias marcaron un antes y un después. Se abrió un mundo de maravillosas galerías.

Así que, siguiendo su ejemplo, os quería dejar una lista de 5 cuentas que me encantan, con la particularidad de que somos seguidores mutuos. Personas con las que comparto gustos, aficiones y comentarios. Pero que a la vez tienen galerías completamente diferentes entre sí.

Sami Garra

La conocí a través del hastag #juegolvm , que promueve Jackie. Es ilustradora, blogger, emprendedora, carva sellos maravillosos y mantenemos, además, una relación por correspondencia «snailmailing». Si visitáis su galería llegar hasta el final, para ver cómo han evolucionado sus fotos, cómo ha ido creciendo en su marca personal.

María

María acaba de ser Mamá de dos bellezas. Su galería es todo ternura y amor. Las fotos familiares están hechas con muchísimo gusto y las sesiones premamá son delicadas y elegantes . Me encanta.

Bibiana

Es fotógrafa de los pies a la cabeza. Estoy segura que ve el mundo encuadrado en fotogramas. Disciplinada y perfeccionista su galería es un ejemplo de coherencia.

María Inés

Es mi foto de buenos días diaria. Tengo la suerte de que se levante cinco minutos antes que yo. Así que me alegra cada mañana con sus fotos de naturaleza. Tiene una galería que invita a venir a Mallorca y perderse en sus campos.

La Casa de Karina

Nos delita con las fotos en tonos pastel de los rinconcitos de su casa.  Tiene muchísimo gusto a la hora de hacer composiciones. Su galería es evocadora y romántica.

Espero que os guste esta selección y que la disfrutéis tanto como yo. Feliz fin de semana.

Superwoman

Sí soy una superwoman y tú también.

Estos días, he visto dos campañas circulando por las redes, enfocadas a las mujeres.

Una, que viene desde Gran Bretaña, tiene dos vertientes. Por una parte, trata el nivel de autoexigencia al que nos sometemos en nuestro día a día. No hace falta rascar mucho, para darse cuenta de cómo nos tratamos. Nos exigimos el máximo y en la mayoría de casos no nos lo reconocemos. Por otra parte y no menos importante, refleja cómo tendemos a hacer juicios negativos sobre otras mujeres. Parece que venimos al mundo dotadas de un gen, bastante cabrón, que nos mantiene en un continuo «tengo que hacer…», «me falta…», «me sobra…», «aún no he cumplido…», «no soy lo suficiente…» y un millón de cosas más, sumado a un «mira esa, le da biberón en vez de el pecho», «anda que aquella, vaya falda», «vaya madre si fuera mi hijo….»

Esta campaña, nos invita a parar, a tomar conciencia del momento, disfrutar y bajar el listón. A cambiar el «To Do» por el » To Be» tendiendo una mano que suavice esta guerra que no conduce a nada.

Lo otro, es un artículo en el que se afirma categóricamente que la conciliación laboral-maternal no existe. Si quieres ser una «buena madre» sólo lo lograrás dejando de trabajar.

Respecto a esto, como diría mi amiga, me mantendré contenida.  Aunque, sí diré que, este especialista y muchos como él, se quedan bien a gusto  poniéndonos el pie encima. Me indignan las afirmaciones categóricas, de estos hombres, que están a años luz de saber qué es ser mujer y menos qué es ser madre. Qué fácil debe ser decir cómo parir, dar el pecho, trabajar o no… lejos de ser tú el que lo tiene que poner en práctica.

Así que me sumo y me comprometo a dar vida a la primera campaña.

Y concluyo con lo que afirmaba al comienzo «Sí soy una superwoman» y la mamá que cambiaba ayer a su hija, para ir a natación, mientras llevaba un bebé colgado en la mochila, también y la que hace malabarismos para llegar del trabajo a la puerta del cole, también. Y tú también.

Por cierto, como mis súper poderes no daban para más, la foto es vía Pinterest.

Mi mundo amarillo

Me apasiona leer a Albert Espinosa. Tiene una experiencia vital tan brutal, que lo que dice y cómo lo dice no te deja indiferente. Consigue conectarte con tu yo más íntimo y que percibas la magnitud de la VIDA. Tuve la gran suerte de no leer sus libros en orden cronológico, así empecé con sus novelas y por último leí su libro «El mundo amarillo».  En este libro cuenta cómo es el mundo amarillo y los descubrimientos para conseguirlo.  Para miles de personas es una Biblia, un libro de cabecera, un texto que les ha ayudado en los momentos más difíciles de su vida.

Para mí es inspirador, como todo lo que escribe. Cuando lo leo, siento sus ganas de vivir contagiando a las mías.

Este libro lo leí antes del verano y hay un concepto que me persigue «los amarillos». Es algo que se ha quedado dando vueltas en mi cabeza y que cuando menos me lo espero me asalta en plan «un amarillo». Me ha llevado incluso a hacer una lista de mis amarillos. Seguro que he deformado un poco su definición original, pero en mi lista figuran aquellas personas que han contribuido a dar forma a mi personalidad, que han sido un punto de inflexión, un click, la palabra en el momento clave, la luz en la oscuridad. No tienen por qué ser amigos, ni conocidos, ni siquiera tienen que haber compartido mucho tiempo en tu vida, pero su paso no te ha dejado indiferente. Su marca perdura.

Es sorprendente el calado de un amarillo en tu vida.

Pero hay personas que son amarillas en su totalidad, no sólo un momento en la vida de alguien. Y que además, trabajan cambiando el color del mundo que les rodea. Hay una en concreto, que tengo la suerte de tener de profesor, estuvo conmigo en una formación de inteligencia emocional, sembrando conceptos, de los que, cuatro meses después, aún recojo frutos. Uno de ellos, un maravilloso ejercicio, que me llegó en forma de carta esta semana. La guardaré como un tesoro, junto con el concepto de asertividad. Es un privilegio conocer gente que trabaja para cambiar la forma de comunicarnos y en definitiva hacernos más sanos y felices.

Os deseo un mundo amarillo.

El otoño y su «je ne sais quoi»

Esta es la estación clave, en la que verdaderamente empieza el año. Mi vida transcurre como un disco que da vueltas y va cumpliendo ciclos repetidos. Y entre septiembre y octubre siempre he sentido esa sensación de comienzo, de nueva etapa, de nuevo curso.

Pero el año pasado fue clave. Llegué a otoño tan saturada que me sentía explotar. Tenía un cúmulo de todo y de nada. No me cabía nada más dentro y a la vez estaba en el mejor momento de mi vida, en el que por fin sentía que todo estaba donde tenía que estar.

Y ahora, volviendo al punto de partida, veo que he necesitado un año, para que cambiándolo todo no cambie nada. Un año, en el que he empezado a construirme por dentro con la conciencia de quién quiero ser. Un año de búsqueda en un camino que no veía claro. Con el deseo de vivir un proyecto que no se dejaba ver.

Un año en el que me he dado el gusto de encontrarme, reconocerme, dedicarme tiempo y crear pautas y rutinas para mantenerlo. Tanto, que hasta tengo mi propia cita semanal, a través del blog. Una cita, en la que pienso durante la semana y disfruto de su duración. Me motiva pensar qué quiero escribir y me enriquece hacerlo. Me hace estar despierta a cosas que me llaman la atención o me conmueven. Y a la vez alimenta un diálogo conmigo misma que cada vez me hace sentir mejor.

Me siento estirando del hilo.

Y todo este tiempo me acompañaba la idea, en momentos obsesiva, de dar rienda suelta a mi creatividad con algún proyecto personal. Pero no encontraba cómo.

Hay una persona que siempre me dice «todo lo que hacemos, todo lo que aprendemos, aunque en el momento nos parece inconexo, forma parte del proyecto final. Cuando llegas a él te das cuenta de que el camino te llevaba claramente, aunque en ese momento no pudieses verlo». La búsqueda activa siempre da fruto.

Y hoy justo hoy puedo decir que lo veo. Al fin lo tengo claro.