Kanon

Hace un tiempo formulé unas de las afirmaciones más sorprendentes de mi vida: «No tengo amigas». Incluso mi Horáculo, que parece conocer todas las respuestas me miró sorprendida.

No me sentía sola, ni triste, ni desamparada. Estaba rodeada de gente que me quería y a la que quería. Me sentía respaldada y sabía que si necesitaba hablar, consejo o un favor no tendría problema en conseguirlo a mi alrededor. Pero no tenía una amiga.

Admitirlo y exteriorizarlo fue el comienzo de preguntarme el por qué. Había varios factores. Un concepto muy elevado de la amistad, tal vez erróneo, por idealizado y mis circunstancias personales, entre otras cosas.

Eso fue hace más de un año.

Ahora tengo amigas,  amigas con mayúsculas. Pero hay una en especial de la que quiero hablar.

Mi amiga Kanon.

Hace mucho tiempo que quiero dedicarle un post, porque cada minuto que paso con ella me hace crecer exponencialmente. Me habla como si estuviese al nivel de sus palabras. Es exigente, perfeccionista y creativa. Es profesional de una de mis aficiones y no se guarda nada. Expresa lo que piensa de mi trabajo sin tapujos. Cuando acabo de escucharla creo que nunca voy a seguir sus consejos y por un tiempo es así. Pero poco a poco me doy cuenta de que mi trabajo me lleva donde ella me decía y que tenía razón.

Kanon me corta las alas para que crezcan con más fuerza.

 

 

¡Que vienen los Reyes!

Hasta hace poco, no hubiese escrito una carta a los Reyes Magos, no porque sepa la realidad de su identidad, sino porque vivía pensando que todo dependía únicamente de mí. Y sí, en gran parte es así, pero también se nos dijo «Pedid y se os concederá». Y aunque, me he criado en el seno de una familia católica, nunca me paré a pensar que es así.

Hay momentos en los que debes formular tus deseos en voz alta para que estos se cumplan. A quien podéis llamar como os apetezca, Dios, en su infinidad de nombres, azar, energía cósmica o en el día de hoy, Reyes Magos.

Esta noche se puede creer en la magia.

Me encanta ver el telediario de mañana y oir como se habla de regalos, de magia y de ilusión. Por un día la noticia es la inocencia y las ganas de creer. Me parece que es de lo que estamos faltos, de Fe.

Para empezar en nosotros mismos y en nuestro proyecto de vida  y para seguir en el entorno que nos rodea. Nos dejamos llevar por olas de desencanto, de falta de confianza, de rutinas en las que todo es gris.

Pero hoy vamos a limpiar nuestros zapatos favoritos para esperar que mañana amanezcan llenos de regalos. Y nos acostaremos con la ilusión de un niño.

Sería genial que todos y cada uno de nosotros guardásemos un poco de esa ilusión para pasado mañana y para el otro y el otro y el otro…. porque la vida se compone de millones de pequeños momentos que vividos con ganas merecen mucho la pena.

¡Feliz día de Reyes!

 

 

¡Más feliz que una perdiz!

Hoy comienza, sin duda, mi mes favorito. En casa siempre hemos sido muy Navideños, pero desde que nació Babau, la Navidad ha cobrado una nueva dimensión.  Ahora nos pasamos Noviembre haciendo manualidades y Diciembre entre árbol, cartas, calendario y visitas a ver las luces se nos pasa volando.

Creo que es mucho más que una época consumista. Es el momento de ver la magia y disfrutarla con los que te rodean.  Depende, como siempre, de cómo quieras ver y vivir las cosas.

Además tiene la importancia de ser el momento en el que concluye el año. Y eso siempre da lugar a reflexión.

Hace uno días leyendo el blog de un amigo vi una frase que he usado últimamente para definir mi año y que no sabía que tenía dueño.

«Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.» G. T. de Lampedusa.

Eso es exactamente lo que siento, quería mi vida tal cual es, pero sentía que algo no estaba en su lugar . Decidí regalarme este último año, para posicionarme, replantearme mis prioridades y disfrutar de lo que tengo.

Ahora ha llegado el momento de agradecer. Desde el blog, a todos los que me leéis cada semana, la verdad es que pensaba que sólo me leería mi madre. Este espacio ha supuesto una grata sorpresa, además de una fantástica vía de escape.

Y también quiero pedir, me gustaría redefinir la imagen del blog y dedicarle más tiempo a lo que se está convirtiendo en mi disfrute, escribir, para dar el empujón a un proyecto que se ha hecho un hueco en mi mente.

Por lo que me voy a tomar este mes libre, para disfrutarlo con lo míos y para escribir. Para cosechar mucho y que el 2016 todo siga cambiando para que todo se quede como está.

Un canto a la vida.

Caminaba, sumida en mis pensamientos, de camino a casa, cuando las vi.

Estaban sentadas en un banco del parque. Bañadas por el único rayo de sol que dejaban pasar los árboles.

No se me borrará jamás su imagen. La madre tenía abrazada a su hija. Se la ve frágil. En una especie de limbo temporal, en el que es imposible calcular su edad. Tiene parálisis cerebral. A su lado una inmensa silla de ruedas.

La madre, le está cantando mientras la acuna, como si aún fuese un bebé.

Allí en medio del parque, me parece estar interrumpiendo ese hermoso e íntimo momento. Afortunadamente soy invisible para ellas.

Siento su sincera felicidad y se me parte el alma.

Un mar de sentimientos encontrados me arrollan. Oigo la canción y me pregunto de donde sacará la melodía. Cómo tiene fuerzas. Me siento pequeñita ante la magnitud del amor, a su hija y a la vida.

Paso de puntillas evitando hacerme notar y me guardo esta imagen como un tesoro.

 

 

 

El poder de la palabra

Se hace difícil escribir sin nombrar lo que ha pasado este fin de semana. Hace poco que hablé de este tema en un post  «Sshhh,a veces paso de puntillas» , por lo que prefiero no reiterarme.

Esta semana se me resistía.  No encontraba esa sensación, idea o sentimiento al que engancharme para escribir. Hasta este mismo mediodía, en el que en medio de una divagación, he recordado un momento muy especial de mi vida.

Fue hace muchos años, no recuerdo muy bien que edad tenía, pero andaba por los 18, tuve la primera pérdida de una persona querida. Al dolor, se me sumo una inesperada sensación de tranquilidad. En ese momento, supe que estaba tranquila, porque le había dicho todo lo que quería que supiese. Me guardé eso como una valiosa enseñanza.

Hasta hoy, intento decir a personas de mi entorno, qué es lo que siento por ellas. Tiene un gran impacto y siempre es positivo.

Pero no siempre es tan fácil. Hay personas muy queridas, especialmente importantes en mi vida, con las que no es tan sencillo.

El poder de la palabra, de la comunicación, tiene lugar cuando es fluida. Y a veces en las relaciones, personas como yo, creemos necesitar defendernos con muros. No hay nada más negativo. Un muro no te defiende, sólo frena el flujo, de lo bueno, de lo malo, de lo que sale y de lo que entra. Por lo tanto, esa barrera te aleja de las personas. En vez de cuidarte, te daña.

Una vez comprendido, sólo queda liberarse.